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Nº 48 - Abril / Junio 2011
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Una de las medidas de lucha contra la corrosión
es la selección de los materiales. El acero se oxida
relativamente rápido, el aluminio al oxidarse forma
una película protectora que retrasa el proceso de
corrosión, y el oro se oxida tan lentamente que no
es apreciable. Evidentemente, el acero es el preferido,
tanto por costes como por su facilidad de transfor-
mación.
Condicionados por el uso del acero, se deben
buscar soluciones contra la corrosión. Un modo de
prevenirla es evitar el contacto del metal con el
oxígeno o con los elementos agresivos. Al impedirse
la reacción química se evita la oxidación. La forma
más sencilla de conseguir esto es la aplicación de un
recubrimiento como puede ser la pintura. Pero la
pintura posee porosidades que permiten el contacto
del metal con el agente oxidante. Además, en las aristas
de la superficie, la tensión superficial de la pintura
las dejará descubiertas, y ¿qué pasa si se produce un
arañazo u otro tipo de daño? ¿Y con aquellas zonas
de difícil acceso para el pintado? En todos estos casos
el metal queda descubierto, y la corrosión, una vez
iniciada, progresará bajo la pintura dando lugar a la
aparición de ampollas.
Un modo de evitar la corrosión es impedir el
contacto del metal con el oxígeno y con los
elementos agresivos.