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Boletín Nº7 - año 2014
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Boletín Nº7 - año 2014
Un pequeño recordatorio de cómo ha evolucionado
el aprendizaje de las profesiones, para poder valorar
dónde estamos.
La preocupación sobre cómo preparar buenos profe-
sionales no es nada nuevo, ya en la edad media, por
referirnos a un tiempo muy lejano, el trabajo artesa-
nal jugaba un papel muy relevante. La labor manual
era el único medio de transformar materias primas en
instrumentos y útiles para el hombre. Todo el trabajo
artesanal se hacía en talleres situados en la casa del
artesano, que a la vez era tienda y vivienda.
El aprendizaje del oficio comenzaba por el grado de
aprendiz (primer nivel), niños entre 10-12 años
que
se trasladaban a vivir a la casa del maestro donde rea-
lizaban tareas de diverso tipo a cambio del aprendiza-
je del oficio y la manutención. Esta formación duraba
en función del oficio (4-8 años).
El aprendiz pasaba
a ser oficial (segundo nivel) después de varios años y
demostrar sus habilidades al maestro y con el tiem-
po podía llegar a ser maestro (tercer nivel) después
de superar un examen o realizar una obra que fue-
ra considerada como “obra maestra” por el grupo de
maestros del oficio que la juzgaba.
Este sistema que tenían estipulados los gremios ar-
tesanales ha durado prácticamente hasta nuestra era
industrial.
Con la llegada de la era industrial, en realidad, no
hubo muchos cambios en relación de cómo aprender
un oficio, prácticamente no había nadie que enseñara
y las empresas admitían aprendices, que con el “tiem-
po” iban aprendiendo lo que sus oficiales les enseña-
ban. Esta forma de aprendizaje ha sido algo muy gene-
ralizado en nuestro sector del automóvil, el aprendiz
acompañaba al oficial y le asistía en todo aquello que
necesitara… y demás recados que le encargara el ofi-
cial, eso sí, ya no tenía que vivir en la casa del maestro.
El aprendiz era normalmente un joven sin estudios o
con los estudios mínimos que para aprender la pro-
fesión necesitaba muchos años.
Entendiendo como
profesión, exclusivamente lo que realizaban la empre-
sa en la que estaba, aunque a decir verdad en esa épo-
ca, en los talleres de automoción se hacía de todo, lo
mismo se ajustaba a mano cualquier elemento, que se
fabricaban los útiles que hacían falta.
Con el tiempo, y la evolución social, los talleres se
vieron obligados a realizar contratos de trabajo a los
aprendices y asegurarlos y aunque fue algo necesario e
ineludible, tuvo como consecuencia que las pequeñas
empresas, es decir, la mayoría de las empresas, (igual
que ahora) dejaran de tener aprendices, pues tenían
un coste que no les era rentable. Se rompió la cade-
na (más bien hilo) del aprendizaje que existía sin que
nada la sustituyera.
Para llenar este hueco del aprendizaje profesional apa-
recieron las escuelas profesionales salesianas, las uni-
versidades laborales y distintas leyes educativas. La
primera iniciativa encaminada a crear en España un
sistema normalizado de enseñanzas profesionales de
ámbito estatal aparece en los Estatutos de Enseñanza
Industrial y de Formación Profesional de 1924 y 1928,
respectivamente.
La
Ley General de Educación de 1970
estableció la
enseñanza obligatoria hasta los 14 años
, Educación
General Básica (EGB). Tras cursar la EGB, el alum-
nado accedía al BUP
o a la recién creada
(FP), que tenía dos niveles; Primer Grado y Segundo
Grado. Con un matiz diferenciador, el que aprobaba la
EGB podía elegir entre BUP o FP. El que no superaba
EGB solo tenía la alternativa de FP.
La mayoría de los alumnos matriculados en el pri-
mer grado de FP procedían de alumnos que no supe-
raban la EGB, se creó el dicho “si no vales para estu-
diar... pues para FP.
Todas estas iniciativas fueron los inicios para formar
profesionales, pero todas tenían un gran punto negro.
Se organizaba y gestionaba una Formación Profesio-
nal de espaldas al sector productivo. El aprendizaje se
basaba desde un punto de vista totalmente académi-
co. Los orígenes del aprendizaje de una profesión ha-
bían sido totalmente prácticos ya que se entraba como
aprendiz y con esta ley era todo lo contrario, la profe-
sión se aprendía dentro de los centros educativos de
espaldas a las empresas.
No sería hasta la década de los 80 cuando se comen-
zó con las prácticas en alternancia. El alumnado, de
forma voluntaria, podía realizar prácticas formativas
en las empresas, a la vez que realizaban sus estudios
profesionales. Toda una revolución que, sin embargo,
tenía un coste, entre otro, que la jornada de los alum-
nos que participaban en las prácticas en alternancias
era de las 6 horas lectivas diarias que estaban en el
centro educativo más tres o cuatro horas que estaban
en las empresas. También tenía su recompensa, se co-
menzaban a conocer los estudios de Formación Profe-
sional y la contratación de estos alumnos aumentaba
considerablemente.
Este paso fue posible gracias a la voluntad y compro-
miso del profesorado que impartía FP, que en muchas
ocasiones nadando contracorriente y fuera de su ho-
rario lectivo, vio la necesidad de contar con las em-
presas del entorno para preparar a los futuros profe-
sionales. Su alumnado tenía que conocer la realidad
de las empresas a la vez que se preparaban en el centro
educativo.
Lo dejamos aquí, pero este periodo fue la base, para el
gran paso que más tarde dio la FP y que pudo realizar-
se gracias a este profesorado comprometido.
En 1990 llega la LOGSE con una nueva Formación
Profesional que tiene grandes avances, a destacar en-
tre otros:
• Para realizar ciclos formativos se debe estar titula-
do en ESO o Bachiller. Se terminó aquello de que
“…Si no vales para estudiar, pues para FP “.
• Todos los estudiantes que cursen ciclos formati-
vos tiene que estar un determinado tiempo reali-
zando prácticas en las empresas. Nace el módulo
Formación en Centros de Trabajo (FCT).
Toda una revolución que se pudo desarrollar gracias
al paso anterior. La idea base era que el alumnado se
preparara en el centro educativo y acudiera de forma
obligatoria durante un tiempo determinado a realizar
prácticas formativas en las empresas para comple-
mentar su formación. El alumnado no contraía rela-
ción laboral con la empresa sino que se firmaba un
convenio de colaboración entre el centro educativo y
la empresa.
La empresa recibía alumnado con un alto nivel de co-
nocimientos de la profesión a falta de realizar prácti-
cas en el entorno laboral.
Ya no era el aprendiz que no tenía estudios y que en-
traba de cero. La empresa no era la responsable de
prepararlo desde su inicio, su compromiso consistía
en de darle la oportunidad de adquirir experiencia
para completar su formación, sin necesidad de que
estuviese toda una vida como aprendiz.
Este fue un período donde el alumnado de FP era
contratado en un gran porcentaje y la calidad de la FP
subió notablemente.
Actualmente estamos recibiendo una nueva Forma-
ción Profesional, la
FP DUAL
, un proceso de for-
mación donde los estudiantes realizan el aprendizaje
profesional en dos entornos distinto: el académico y
el laboral.
Es verdad que hay países de nuestro entorno que ya
llevan tiempo desarrollando este tipo de formación,
pero hay que tener en cuenta que su entorno produc-
Los inicios del aprendizaje de las profesiones